Basta sólo un segundo para caer de la cima del éxito y darte cuenta que nada es verdadero, todo se desvanece como ceniza entre los dedos, se evapora en el viento que viene y va, todo un sueño creado se hace añicos sin más y la imaginación más profunda se reduce al sentir más puro de un corazón hundido en la decepción.
Pero seguiré partiendo por el mar, porque nunca dejaré de llorar por mil horizontes de sal. Seguiré mirando desde arriba la marea romper en huracán, seguiré soñando que su fuerza nos acompañará día y noche en el vuelo de alcanzar una estrella más.
Mis alas se fracturan, las vuelvo a reponer, y aunque sea ingenua pensaré que en un momento no me serán necesarias para subir tan alto como quiera desear.
De un instante a otro todo puede cambiar, sólo he de mantener la calma si quiero llegar allá, poco a poco, todo llega, fe y paciencia siempre están por fuerza, como la soledad porque al final, ni la sombra prevalece. Todo sea por soñar, por reír y ser feliz.
Lo bonito de esto es aprender que no basta con tocar las nubes sino sentir su latido y mantenerse atenta a los descuidos.