Andas y andas por un camino impregnado de paz, alegría y seguridad.
Pero un día te das cuenta, que la única paz que tienes es la tranquilidad de la soledad y la seguridad de que nunca se irá.
Mil huracanes vinieron atormentando mis miedos, muchos los superé pero otros en cambio, me arrastraron a lo más profundo de creer vencerlo.
Hoy hago una parada más para pensar, pensar que es lo que estoy haciendo, que soy y para que estoy aquí. Preguntas sin respuestas pueden ser estas, pero… caí en la cuenta de que muchas podían ser resultas.

Todos necesitamos un abrazo de vez en cuando,
Un cálido beso en la mejilla que nos haga sentir especial,
Unas sinceras palabras de ánimo e interés,
Simplemente una compañía que escuche nuestras tristezas o historias.
Si, eso es… siempre estoy yo. Para escuchar y animar.
Pero… ¿y quién está para mi?
¡Ah si!... ya lo olvidaba. Para mí siempre estás tú. Soledad de soledades.

Querida Soledad:
Tú que estás tan sola, ¿cómo puedes soportar días de tormenta sin refugio alguno?
Nunca te decepcionas, porque aunque mucha gente te acompañe en ciertos momentos, tienes la seguridad de que al final todos se irán.
Yo en cambio, me ilusiono con todo, e ingenua de mi piensa que alguna persona quedará hasta el final, durante un instante llego a creerme tal estupidez, pero al llegar la noche tu sonrisa me ilumina otra vez, y me recuerda que de sueños no se puede vivir, que nada es para siempre; pero… a veces resulta tan difícil aceptarlo. Sobre todo cuando te sientes protegida entre unos brazos y el calor que desprenden se hace eterno.
Te empiezas a dar cuenta que muchos hablan del tiempo, otros de sus tristezas, de sus alegrías, de sus amores corrompidos… hablan tanto que tú empiezas a olvidarte de ti misma. Nada interesa si no de uno mismo, silencio cuando se trata de los demás.
¿Dónde está la reciprocidad? ¿Dónde está el interés mutuo? ¿Dónde?
Dos minutos de desesperación, desaliento… ya no sé que hacer, si estoy aquí sólo para eso y permanecer intacta en el tiempo o seguir buscando otra alma dispuesta a dar más allá de la superficialidad. A veces es verdad que parezco psicóloga aún sin terminar la carrera; vienen, lloran, hablan sin parar, escuchan tres palabras positivas surgidas en un corazón puro, y se van de portazo sin ni siquiera despedirse.
A veces no entiendo este mundo de farsantes. Besos tan comprometidos, abrazos tan forzados y palabras tan indiferentes, sólo por el interés de que esté ahí, a su merced.
Pero luego vienen y preguntan, ¿por qué? ¿Por qué te encierras tanto en ti? Ábrete al mundo. Sí es cierto que últimamente he pensado eso, sobre todo a los hombres. Tanta desconfianza, que a veces resulta hasta patético. Pero, ¿y que voy a hacer si no?... ¿hablar de mi sino interesa?... Eso es una pesadez y yo no quiero molestar.
Pero aunque a veces sea más duro de lo que una cree soportar, seguiré sonriendo por y para los demás, una esperanza al menos ha de quedar.
Al menos valgo para algo, jajaja...

olayadesnu