Una playa al anochecer,
Barcos alumbrando toda la costa con sus tenues luces,
Delicada música sonando de algún lugar,
Sorprendentes fuegos artificiales iluminando el cielo con brillantes colores, dando formas a las nubes, y movimiento al viento.
Caras sonrientes de gente que se ve feliz.
Y yo, allí en mitad de todo viendo tan tremendo espectáculo.
Una sensación maravillosa, pero mi cara era de tonta pues no parecía ser real, es como si no estuviera allí.
Un segundo de gloria por tanta precariedad de este superficial mundo.
Es tan hermoso ver tanta luz sin un rayo de oscuridad, las sonrisas de las personas, las palabras, los abrazos, la emoción… es tan lindo, aunque luego lleguen a sus casas y sus vidas no sean tan seductoras, pero sólo ver esto durante un momento merece la pena un día de sufrimiento.

Al caer la noche,
Las sonrisas van apagándose, las personas dispersándose,
El cielo se oscurece y los barcos marchan mar adentro dejando su estela en mi aliento.
La magia se corrompe y todo vuelve a la normalidad.
Pero nada se ha perdido, porque una vez más
Me sorprendo al caminar, encontrando estrellas brillando sin más.

Un anciano ángel bailando al son de un compás,
Su cintura parecía tan joven con su movimiento, van van…
Tiernas manos que aguantan otras sin apretar,
Y su dulce sonrisa reluciendo sin parar, transmitiendo tanta paz.
No hacía falta ningún bailarín más, ni siquiera el profesional,
Porque su magia, su alegría, su entusiasmo… lo era todo.
Sólo el y su pareja bailando entre todos, y desprendiendo más que ninguno de nosotros.

¡Qué hermoso es vivir para ver cosas como estas!
¡Un segundo de gloria por mil noches sin aliento!

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